viernes, 14 de mayo de 2010

Opiniones



Vergüenza ajena

Por Ernesto Tenembaum


La primera vez que el hecho me llamó la atención fue el Día del Periodista del año 2003. El presidente Néstor Kirchner, eufórico, con índices de aprobación estrambóticos, brindaba con un grupo de colegas en la Casa Rosada. En esos días, acababa de impulsar el juicio político a los miembros más cuestionables de la Corte menemista. Algunas personas, no muchas, que se habían opuesto a Menem –y a su Corte– sostuvieron que no les parecía procedente el método que se utilizaba para despachar a los jueces cuestionados. Entre los disidentes figuraba Julio Strassera, el fiscal que conmovió al país con su alegato en el valiente juicio contra los jefes de la dictadura militar.

Un periodista se lo señaló a Kirchner.

–Fue funcionario de la dictadura –contestó el presidente, en referencia a Strassera.

Eran los tiempos en los que casi nadie se preguntaba nada. Kirchner era, casi, Gardel. ¿Para qué habría de buscar el pelo en la sopa? Pero en esa reacción estaba el germen de muchas otras cosas. Strassera podía estar equivocado, o no. Pero está claro que haber sido fiscal durante la dictadura no lo transformaba en cómplice de nada. Y que su actitud durante el juicio había sido un aporte admirable a la lucha contra la impunidad de los peores crímenes de la dictadura.

Por un momento fugaz, me pareció que los roles se invertían. De un lado, estaba un político que jamás había hecho un aporte a la lucha por los derechos humanos, que se había fotografiado con militares, que había apoyado la reelección del hombre que indultó a los asesinos. Del otro, el fiscal que logró la condena a ellos. Y el primero ¡acusaba al segundo de ser cómplice de la dictadura!
Fue, apenas, un momento fugaz que, visto desde hoy, es muy significativo. Desde entonces, desde lo más alto del poder político, hay una operación intelectual en marcha que es sumamente disparatada: merece destacarse eso porque, de tan insistente y repetitiva, por momentos se pierde noción del disparate que implica.

La operación es más o menos como sigue. En la historia argentina hay buenos y malos. Los buenos son buenos siempre y los malos son, obvio, malos siempre. Los buenos, hoy, son el Gobierno y todos los que los apoyan. Los malos, quienes critican. Como esa categoría ontológica –los buenos, los malos– no cambia con el correr del tiempo, está claro que los buenos de hoy son los mismos que los de la dictadura y ocurre algo similar con los malos. De manera que quien critica al Gobierno hoy está del lado de los malos y por ende era cómplice de la dictadura, no importa lo que haya hecho en aquellos años. Y, al revés: quien defiende al Gobierno hoy se transforma, sin solución de continuidad, en miembro de la resistencia en los setenta, tampoco importa lo aplicado que haya sido entonces.

Parece ridículo, pero es la operatoria que está en marcha.

Hay distintos hitos en todo este proceso. Uno, que pasó bastante desapercibido, ocurrió en marzo del 2005, cuando la Sociedad Interamericana de Prensa presentó el primer informe crítico respecto de Kirchner, y este gritó que quería saber por qué la SIP había callado durante la dictadura. Fue Horacio Verbitsky quien se encargó de desempolvar todos los documentos de la SIP donde no sólo denunciaba lo que ocurría en la Argentina sino también a los dueños de los grandes medios –La Nación, Clarín, La Razón– que ocultaban los hechos.

Un momento más importante ocurrió el primero de abril del 2008. En plena crisis por la resolución 125, Cristina Fernández de Kirchner, frente a una Plaza de Mayo repleta, acusó al dibujante Hermenegildo Sábat, premiado internacionalmente por su defensa de los derechos humanos, de publicar una caricatura cuasimafiosa como parte de un plan para volver a implantar una dictadura en la Argentina.

Textualmente, dijo Cristina:

“En estos días de marzo, amigos y amigas, hermanos y hermanas, donde he visto nuevamente el rostro de un pasado, que pareciera querer volver. Tal vez, muchos de ustedes son muy jóvenes, por ahí lo veo a Juan Cabandié, hijo de la tragedia de los argentinos, tal vez muchos no lo recuerdan, pero un 24 de febrero de 1976 también hubo un lockout patronal, las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante el desabastecimiento del pueblo llamaron también a un lockout patronal allá por febrero del ’76. Un mes después, el golpe más terrible, la tragedia más terrible que hemos tenido los argentinos. Esta vez no han venido acompañados de tanques, esta vez han sido acompañados por algunos ‘generales’ multimediáticos que además de apoyar el lockout al pueblo, han hecho lockout a la información, cambiando, tergiversando, mostrando una sola cara. Son los mismos que hoy pude ver en un diario donde colocan mi caricatura, que no me molesta, a mí me divierten mucho las caricaturas y las propias son las que más me divierten, pero era una caricatura donde tenía una venda cruzada en la boca, en un mensaje cuasimafioso. ¿Qué me quieren decir, qué es lo no puedo hablar, qué es lo que no puedo contarle al pueblo argentino?”.

En estos días, ese mismo mecanismo –ya utilizado contra Strassera, Sábat y la SIP– se ha disparado contra Magdalena Ruiz Guiñazú. El sector más oficialista de las Madres de Plaza de Mayo realizó un acto para declararla cómplice de la dictadura. La propaganda televisiva del oficialismo repitió hasta el cansancio esa miseria. Y Cristina se mostró con Hebe de Bonafini al día siguiente de ese acto.

No la conozco mucho a Ruiz Guiñazú. Apenas trabajé un año con ella, en el 2006. Cuando empezaba ese año, entré a un negocio de artículos de librería en mi barrio. “¿Vos trabajás con Magdalena? –me preguntó la mujer que atendía–. Yo no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dice. Pero nunca voy a dejarla de escuchar. Mi hermano está desaparecido. En 1978, mi mamá le envió una carta a la radio y ella la leyó, sin conocernos. Nunca me lo voy a olvidar.” Ella ni conoce esta anécdota. Pero muchos militantes de derechos humanos de aquella época recuerdan perfectamente decenas de historias similares. La misma Hebe de Bonafini se lo mencionó al aire en marzo de 1984. Me la puedo imaginar a Ruiz Guiñazú con cinco hijos chiquitos diciendo esas cosas y la comparo con tanto colega que anda dando vuelta por ahí. En fin, algunas cosas que se dicen dan un poquito de vergüenza ajena.

En contra de Magdalena, apareció –notable aparición, vaya a saber cómo apareció– la grabación de una pregunta que le hizo a Videla.

Sólo eso.

Desde que volvió la democracia, fue integrante de la Conadep, cuestionó el punto final y la obediencia debida, pero también el indulto de Carlos Menem, con quien nunca –destaquémoslo– tuvo nada que ver. Como los periodistas que, a mi entender –no quiero ofender a nadie– valen, criticó a cada uno de los gobiernos por aquello que, a su entender, era criticable. El día que se escriba su historia profesional sólo un canalla podrá decir de ella que se dedicó a hacer propaganda oficialista en algún momento. Los gobiernos son demasiado poderosos para defenderse solitos. Los periodistas tienen –o deberían tener– otro rol.

Pero las cosas son así. Como ahora critica al Gobierno, hay que descubrirle que fue cómplice de la dictadura. No es posible que los buenos de ahora no hayan sido los buenos de entonces.

La propaganda oficial incorpora en estos días una cancioncita donde acusa a múltiples personalidades de oponerse a los juicios contra los militares genocidas. Entre esas personas hay exiliados durante la dictadura, perseguidos de todas las épocas y luchadores inclaudicables. Uno de ellos es Luis Zamora, quizás uno de los políticos más coherentes y respetables del país. Zamora fue uno de los abogados que firmaba hábeas corpus en el CELS durante la dictadura militar –firmó, entre otros, el de Carlos Kunkel–. Ahora se lo acusa de oponerse a los juicios contra los militares. Una y otra vez. Cada día. Es mentira. Pero en una guerra –¿estamos en una guerra?– la verdad no existe.

No deberían pasar estas cosas. Pasan. Pero no deberían pasar.

Todo es un disparate pequeño, menor, casi insignificante: un intento de reescribir la historia bastante berretón, que describe más a sus autores que a los agredidos. Salvo por el detalle de que se ensucia la memoria histórica para utilizarla como herramienta en pleitos menores.

Habría que cuidarla, ¿no?

Digo: a la memoria histórica, si es que a alguien aún le importa.

No usarla, no tergiversarla, no transformarla en propaganda.

Porque tarde o temprano, estas cosas se pagan muy caras.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Opiniones

EL BICENTENARIO: POCO PARA FESTEJAR

Por Ricardo Luis Mascheroni*

El tiempo apremia, ya que me han pedido que escriba alguna valoración sobre la gesta de Mayo, la que por supuesto debe ver la luz antes de la fecha correspondiente.

El problema no es sencillo por dos razones: primero, porque no estoy con todas las luces prendidas y segundo, porque en este caso no es una mirada cualquiera. Ya que la misma conlleva una carga adicional, que es el tema central que nos ocupa a los argentinos en este mes, “el Bicentenario”.

Como excusa, podría alegar además, que mi fuerte es la problemática ambiental y no la historia, lo que complica aún más la redacción de la misma.

No obstante trataré de cumplir el cometido o moriré en el intento.

Sobre el 25 de Mayo todos tenemos algunas leves o fuertes referencias, producto de años de estudio, actos solemnes y conmemoraciones varias, aunque después de dos siglos todavía no sepamos con toda claridad, si esos acontecimientos constituyeron una revolución, emancipación, independencia, autonomía o fueron un simple acto de reafirmación de la fidelidad para con Fernando VII, rey español depuesto por los franceses por esos tiempos.

De acuerdo a la óptica de cada historiador tendremos una respuesta más o menos acabada, que coincidirá o no con nuestras propias interpretaciones o con los intereses que encierran los relatos históricos. Ya que como bien se dice: “si la historia la escriben los que ganan, entonces quiere decir que hay otra historia”. Esta última “la verdadera historia” nunca la terminaremos de conocer.

Lo que si salta a la vista, en estos tiempos de bicentenario, es la competencia casi futbolera entre los estamentos gubernamentales, ya sean del orden nacional, provincial o municipal para ver quien conmemora más.

Como en los divertimientos de niños, de los niños de otrora, podríamos jugar a: “conmemora, conmemorador, a ver quién conmemora mejor”, a alguna otra forma como: Aldón, aldón pirulero, cada cual conmemora en su ruedo y el que no, y el que no, una prenda tendrá”. Sin dudas que estas delicias infantiles nos traerán añoranzas de tiempos idos.

Así es, que en esa tónica, cada uno y en la esfera de su competencia propone: fiestas, muestras, espectáculos deportivos, culturales, y toda la variedad de eventos que su imaginación no alcanzarían a cubrir.

Como seguramente ya ha podido apreciar, en cada una de las ofertas de las agendas oficiales, el marketing, con la asistencia de los conocidos de siempre, precede a las realizaciones y como hace dos siglos, el pueblo todavía quiere saber de qué se trata.

De los gastos que insumirán estas celebraciones y las compras directas, mejor ni hablar.

Lo más llamativo y curioso es que todos coinciden, presentaciones, programaciones y feriados decretados mediante, en que esta fecha es un buen punto de partida para pensar y reflexionar sobre nuestra identidad y nuestro futuro como sociedad.

Resolver los problemas cotidianos del presente y de cara al futuro, ya es otro cantar.

Como diría Borges: “Disculpe mi ignorancia”.

Algo no cierra, pero me parece que, todas estas reflexiones hacia el porvenir, vienen a confirmar, lo que muchos intuyen, que es que durante 200 años los argentinos hemos desperdiciado el tiempo, y seguimos insistiendo en ello, sin preocuparnos de nuestro futuro. Lamentablemente así estamos, por obra y gracias del granito de arena que todos hemos aportado a la confusión general.

El Tricentenario, de seguir tal cual las cosas, para los que vivan en ese momento, los encontrará con los mismos problemas de identidad y desigualdad social, pero eso si, reflexionando sobre el futuro.

Desde mi leal saber y entender, el bicentenario tendría que haber significado un punto de llegada, en el que nos demostráramos y confirmáramos a nosotros mismos y al mundo, que hemos sido capaces de cumplir los sueños de los que pergeñaron ese momento histórico memorable y valiente y que hemos sabido ser libres e independientes para la satisfacción de todo el pueblo argentino sin exclusiones ni marginaciones. Lo que no ha ocurrido evidentemente.

No dejo de preguntarme y quizás Ud. haga lo mismo, por qué en todo estos años y en este fausto, se ha omitido mencionar, muchos menos plasmar los ideales de Mayo, entre ellos, los de Belgrano, para mencionar alguno, sobre temas que hoy por hoy deberían seguir vigentes y se inscribirían entre las tendencias que se pueden denominar progresistas.

Mientras el olvido deliberado e interesado crece, asistimos a un marco de progresismo de café, grandilocuente pero ineficaz para torcer el rumbo de la dependencia y mucho menos mejorar la calidad de vida de la gente.

Este bicentenario tendría que haber constituido un marco de encuentro de todos los sectores del país sobre ideas, compromisos, trabajos y propuestas comunes, más allá de las circunstanciales diferencias partidarias, sociales o de visiones.

Pero como diría el Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos” y como parece que no hay muchas cosas esenciales, se sustituyen las ideas por la ostentación y seguimos tan divorciados como siempre o como nunca.

Unos y otros, con razón y sin ella, se endilgarán las culpas, pero una gran parte del país está y estará ausente de los banquetes por mucho tiempo más.

Honrando el protagonismo en los días de Mayo, del creador de la bandera, por qué no haber materializado en el país alguno de sus sueños, entre ellos el de una reforma agraria que eliminara la marginación social, que resumía en lo siguiente: "Es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se les dan propiedades, que se podría obligar a la venta de los terrenos, que no se cultivan."

No tengo dudas que más de uno, en estos días, bandera, vincha y escarapela al pecho henchido, dirá: No jodamos, banderas, discursos y festejos sí, reforma agraria ni loco. Con el campo no se metan, sino cortamos las rutas.

Muchos menos aceptarían que el prócer, hable de clases sociales y explotación, a través de proclamas casi marxistas, como cuando expresa: "Se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas; la una dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar por su trabajo en la reproducción anual de estos frutos y riquezas o a desplegar su industria para ofrecer a los propietarios comodidades y objetos de lujo en cambio de lo que les sobra."

Tampoco faltará el que a voz en cuello, exclamará: Menos mal que este no es el padre de la patria, sino estaríamos como en Cuba.

Otros, disfrazados de gauchos con lazo celeste y blanco en el chambergo, seguirán insistiendo: no jodan!!! Propietarios del mundo uníos.

Sin dudas pasará el bicentenario, con más o menos boato, con más o menos fervor cívico, pero la divisoria de aguas de la sociedad argentina, entre aquellos a los que le da lo mismo la independencia o no del país, porque en estos 200 años han hecho y siguen haciendo buenos negocios a costa de todos y los que siguen creyendo que las ideas de Belgrano, Moreno, Passo, Castelli y tantos otros, se mantienen vivificantes y vigentes, por lo menos hasta que las cosas cambien y las mismas puedan materializarse para la felicidad de todos.

Despejados los hálitos del festejo y como fondo musical de una película que va terminando, quizás en sintonía con la letra del tema “Fiesta” de Serrat, escuchemos cantar: "Y con la resaca a cuestas, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal la zorra pobre vuelve al portal, la zorra rica vuelve al rosal, y el avaro a las divisas. Se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta."

*Docente e Investigador Universitario

lunes, 22 de marzo de 2010

Los "dueños" de los DDHH de la Argentina

VERGONZOSO E IRRESPETUOSO BASTARDEO A LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN MILITAR

La celebración del 24 de marzo (Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia) como día no laborable, invocando la memoria de los 30.000 desaparecidos en el mismo día que se instauró en nuestro país un golpe de estado a cargo de las FFAA para destituir a un gobierno democrático, es una despropósito un disparate y una falta de respeto a las víctimas de la represión.

No escasearán tampoco en esta fecha los que coincidirán, en contrario, celebrando y por qué no extrañando en la intimidad de sus hogares el advenimiento de los militares al poder.

A tal punto ha llegado la incoherencia gubernamental tras esta concomitancia con los enemigos de la democracia, que una evocación que debió ser únicamente para las víctimas, austera y respetuosa, pasa a ser motivo de discrepancias entre la opinión pública.

¿Por qué un desatino semejante?

El "kichnerato" que nos gobierna viene utilizando el tema de los derechos humanos para su propio beneficio con el apoyo insoslayable de entidades (ONG´s) que han logrado un status preferencial gracias a una política que no le hace asco a cualquier método que les permita ganar la calle y habilitar espacios o tribunas que sirvan para promover sus actos de gobierno y para criticar a la oposición, a la prensa independiente y a todos aquellos que enarbolan una crítica hacia el Ejecutivo.

Aplicando el mismo razonamiento con que los legisladores oficialistas fallaron a favor de otorgar al 24 de marzo la categoría de "día no laborable", por caso, los judíos deberían celebrar el 23 de marzo como "Día Internacional del Holocausto", fecha en la que en el año 1933 el Parlamento Alemán aprobó la Ley Habilitante que otorgaba plenos poderes a Adolf Hitler como dictador de Alemania.

Sin embargo, justo es mencionar la coherencia con que los judíos eligieron el día 17 de enero para instaurar el "Día Internacional del Holocausto" porque recuerda la liberación, por tropas soviéticas, del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau donde los nazis asesinaron entre 1940 y 1945 a cerca de dos millones de personas de unos 30 países, entre ellos 1,4 millones de judíos.

Antecedentes

El 2 de agosto de 2002, durante la presidencia de Eduardo Duhalde, el Congreso de la Nación Argentina aprobó la ley 25633 para evocar a las víctimas producidas por la última dictadura militar dictaminando que anualmente cada 24 de marzo se recordaría aquel día de 1976, fecha en que se produjo el golpe de estado que depuso al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

No obstante, a pesar de que el Congreso de la Nación Argentina promulgó dicha ley 25.633 sin darle categoría de día no laborable, tres años después, durante la gestión del presidente Néstor Kirchner, se impulsó desde el mismo Poder Ejecutivo Nacional que la fecha se convirtiera en un día no laborable, pudiéndose mover a lunes o viernes para poder crear un fin de semana largo.

Distintas organizaciones de derechos humanos se opusieron en aquel momento a la propuesta por considerar impropio que un día donde se debía apelar al recuerdo de las víctimas se pudiera convertir en una ocasión aprovechada para hacer turismo o cualquier otro tipo de festejo. Pero, finalmente, el Congreso (con mayoría oficialista) aceptó la propuesta del ejecutivo y declaró al 24 de marzo como día no laborable, estableciendo en este caso su inamovilidad, es decir, la imposibilidad de que se traslade al lunes o viernes más próximo.

En realidad, los argentinos ya tienen instituído el 10 de diciembre como "Día de la Restauración de la Democracia" que coincide con el Día de la Aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; es la misma fecha en que Raúl Alfonsín asumió el primer gobierno constitucional que siguió al fin de la dictadura militar en 1983, y a partir de allí día de asunción de todos los presidentes. Un día que es recordado siempre con "actos pedagógicos y académicos dirigidos a promover los valores democráticos".

Seguramente, por razones obvias, no es el 10 de diciembre una fecha accesible de ser bendecida por el peronismo gobernante. Para ellos representa la peor derrota en las urnas de su historia frente a quienes hoy confrontan en ambas cámaras legislativas (UCR), en una escalada sin precedentes, culpando a la crítica o a la independencia de poderes como una obstrucción y un ataque al gobierno.