viernes, 21 de agosto de 2009

"El pez por la boca muere..."

DUROS CUESTIONAMIENTOS A LA PRESIDENTA POR COMPARAR EL FÚTBOL CON LOS DESAPARECIDOS

El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel juzgó el paralelismo como "una barbaridad" y "un absurdo". Mientras que para Ricardo Alfonsín, la Presidenta "banaliza la Dictadura".

sábado, 15 de agosto de 2009

No es lo mismo




LA BRONCA PROVINCIANA ¿ES
CONTRA LOS PORTEÑOS O
CONTRA LOS QUE VIVEN EN LA CAPITAL?

(Por Roberto C. Neira). Como lector de un diario nunca asistí a un debate más trivial. La nota publicada en la sección "Vida Cotidiana" del Clarín de hoy, sábado 15 de agosto, en donde se expresa el sentimiento anti porteño de los provincianos (si cuidamos el lenguaje la mención de "interior" al referirse a provincias argentinas o a sus habitantes es un término discriminatorio) es una verdadera falacia carente de todo sentido por absurda.


Se supone que los participantes de este debate deberían saber de qué están hablando porque antes de entrar en un clima de discusión no pueden dejar liberado a la inquietud y a la curiosidad del lector lo fundamental que es el significado de la palabra "porteño".

¿Qué es ser porteño? ¿Quién es porteño?

Porteño significa esencialmente como adjetivo: "del Puerto" o "que vive en el puerto" en tal caso es el gentilicio de los oriundos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en Argentina y de El Puerto de Santa María – Cádiz, en España, aunque también se le llama así a los habitantes de Valparaíso en Chile.El porteño de Buenos Aires, cuya identificación con la ciudad-puerto no solamente remite a una condición geográfica sino a una idiosincracia y una forma de ser diferente a los que viven en zonas rurales y sub-urbanizadas de la Argentina, es solamente comparable a los habitantes de la ciudad de Rosario y a la otra gran ciudad del Río de la Plata, la capital oriental Montevideo.

Probablemente, la composición étnica del porteño, mayoritariamente de origen europeo y particularmente con una fuerte influencia española e italiana generó un biotipo muy particular dentro de la argentinidad, dotando de características rioplatenses típicas a la cultura del país.

En las provincias argentinas es frecuente llamar también porteños a los habitantes de la provincia de Buenos Aires, lo que podría ser considerada una ofensa.

Mucha gente nacida en Capital Federal (Porteños) que nunca tuvieron residencia en Capital Federal y siempre vivieron en el Gran Buenos Aires, son llamados "Bonaerenses" cuando oficialmente son "Porteños".

Ante estos datos relacionados con el verdadero origen social del porteño y cuando observamos que en la ciudad de Buenos Aires, sobre una población de cuatro millones de habitantes, el 17% son extranjeros (la gran mayoría provienen de países limítrofes) y el 48% son de las provincias, sólo al 35% (*) se lo podría calificar como "porteños" porque pertenecen a segunda, tercera y cuarta generación de aquellos inmigrantes que llegaban desde lejanos países y desembarcaban en el puerto de Buenos Aires a principios del siglo XX.

No se entiende entonces el motivo de la queja de los habitantes de las provincias al encolerizarse contra los porteños por sus actitudes o por los supuestos beneficios que obtienen a cambio de pagar religiosamente sus impuestos y servicios que no son gratuitos ni nada que se le parezca.

Un profesor de la Universidad de Cuyo, dice en la nota, que sufre de una inferioridad congénita (?)... ¿Frente a quién? ¿A sus coterráneos que viven en la ciudad de Buenos Aires?

Deberían saber los que opinan sobre esta cuestión que la ciudad de Buenos Aires forjada entre otras cosas por el sacrificio laborioso de miles de inmigrantes, enriquecida por una gran diversidad de culturas, por sus monumentos, por sus universidades, envidiada por su modo de vida hace 50 años o más, hoy se ha transformado en la utopía del buen vivir para los pocos porteños que vamos resistiendo al paso de los años. Por eso, empalidecemos de rabia cuando vemos lo desaprensivos que son con la ciudad justamente aquéllos que en las últimas décadas se han valido de ella para cambiar de aires o progresar y a los que no podemos calificar como genuinos porteños. Viven, por lo general, transgrediendo todas las reglas de convivencia y con un grado de incultura que llega a límites de lo insoportable. Estoy refiriéndome a la cotidiana lucha que los ciudadanos tenemos contra los que provocan ruidos molestos, los que arrojan bolsas con desperdicios a cualquier hora y si es en la puerta de un vecino mejor, los propietarios de animales que defecan y orinan en cualquier lado, los vendedores callejeros que ocupan las aceras y obstruyen el paso de los transeúntes, los que arrojan papeles, botellas y otras menudencias en la vía pública haciéndole pito catalán a los cestos que existen por decenas en la vía pública, los que destrozan los bienes de la ciudad en las plazas y parques, los que realizan pintadas y ensucian los frentes de las viviendas, etcétera, etcétera.

Sabemos que viven en la ciudad... ¿Pero son porteños? Que lo deduzca el lector.

Las autoridades metropolitanas que condujeron los destinos de la ciudad en las últimas décadas tienen una gran culpa por el estado deplorable en que se encuentra la metrópoli a todo nivel; en los barrios (ni hablemos de aquellos que son marginales), en la zona céntrica y también en áreas residenciales. Hay quejas de los vecinos en todas partes.

Las leyes que se aplican para castigar a contraventores son nimias y muchas veces injustas y protegen casi siempre al infractor y como la política es lo que está siempre en juego, cada una de las actitudes de los gobernantes para aferrarse al poder o dar un salto mayor, están emparentadas con dejan hacer, no molestar y de ese modo captar más votos para su redil. Así estamos. No hay planes de educación vial ni de comportamiento social, ni campañas contra los ruidos molestos o la falta de higiene, nada de nada.

La ciudad es un caos y es terrible pensar lo que será, a este ritmo, dentro de cuatro o cinco años, con el aumento de la población y por consiguiente del parque automotor, de las construcciones de edificios torre en zonas residenciales (que deberían estar prohibidas) y frente a la desidia de los legisladores y funcionarios de la ciudad que sólo viven pensando en su beneficio personal y nunca en el de los que habitamos la capital y que somos los que sostenemos con los impuestos uno de los presupuestos más grandes de nuestro país que incluyen a sus propios sueldos, viáticos y extras, que no son poco…

(*) No existen estadísticas oficiales sobre la cantidad de extranjeros, provincianos y porteños que viven en la ciudad. Se trata de cifras estimativas en base a cálculos obtenidos de los padrones electorales de la Capital Federal y otras fuentes.

Fuente Clarín.com: http://www.clarin.com/diario/2009/08/15/um/m-01979035.htm

miércoles, 12 de agosto de 2009

Palabras que duelen en los oídos "K"




CÓMO OCULTAR LA POBREZA

SIN QUE SE NOTE


(Por Roberto C. Neira). Eduardo Aliverti tiene una particular molestia cuando importantes medios como Clarín y La Nación dedican espacio en sus tapas a difundir los índices de pobreza o reproducen las recomendaciones papales que instan a reducir "el escándalo" de la pobreza.

Aliverti, desde hace bastantes años ha dejado de regalarnos aquellas jugosas columnas de opinión en Radio Continental cuando rendía culto a su pasión de periodista en momentos complejos y difíciles para el país pues eran los estertores del régimen militar.

Para muchos de nosotros, los que trabajábamos en medios no comprometidos con la política, la de Aliverti era una palabra esperada en momentos en que era muy difícil jugarse detrás de un micrófono para denunciar o criticar situaciones que se vivían por aquellos tiempos. La claridad de sus conceptos, su equilibrio y el modo de discernir a la hora de hacer una crítica responsable sobre los problemas que aquejaban a la nación resultaban siempre un hálito de esperanza.

Hoy, después de más de 25 años de democracia (lamentablemente no consolidada aún) y cumpliendo un rol totalmente ajeno a las circunstancias apuntadas, en un escenario signado por la disputa política y el desacuerdo entre los que gobiernan y sus adversarios políticos, conduce su programa "Marca de Radio" por La Red, como un militante más de lo que en su entorno se denomina "campo popular" dándole un tono enérgico a cada concepto con "espíritu combativo y revolucionario".


Con un equipo de periodistas, entre los que se destaca Pedro Briguer (Internacionales), acomete contra todo aquello que -según sea la rabieta oficial- es motivo de resquemores y disgustos para la familia Kirchner. Sus editoriales, de fuerte contenido crítico, están encaminadas, principalmente, a bastardear a los integrantes de la Mesa de Enlace (los conflictivos representantes del campo y principales enemigos "K"), al Grupo Clarín y a las multinacionales, preanunciando un apocalipsis político al grito de "se vienen" si no se oponen barreras al avance incontenible de la derecha, como si un país en el mundo occidental de nuestros días pudiese subsistir ajeno a las implicancias de la economía y a los desórdenes de los mercados globales y seleccionando a los grupos inversores por su ideología y no por su capacidad para invertir, producir, crear fuentes de trabajo y ayudar al crecimiento.


En el programa del sábado último (8 de agosto), un informe tercerizado sobre la mortalidad infantil y sus consecuencias, dio cuenta de que los funcionarios del área con un control más exhaustivo y orientación educativa sobre natalidad, embarazo y desnutrición podrían evitarse miles de muertes inútiles (8.000 chicos mueren por año por estas circunstancias). El tema no mereció comentario alguno de Aliverti. Tampoco expresó una palabra respecto al aumento de un 15% de los sueldos de diputados y senadores anunciado en su programa.


Sí, en cambio, abordó con cierto sarcasmo una crítica a las empresas concesionarias de las autopistas por los últimos aumentos. Quejándose por qué con tanta plata recaudada no la invierten en obras de infraestructura. Seguramente, algo que toca muy de cerca a los miembros del "campo popular" que tienen automóvil.


Pobreza, mortalidad infantil, desocupación, aumentos de los sueldos de los legisladores en momentos en que millones de jubilados apenas arañan $ 780 mensuales, no parecen estar incluídos en la agenda del "campo popular" de Eduardo Aliverti.

¿Qué de popular tendrá este campo para ignorar los padecimientos de la gente común?